Mundos íntimos. Cuando murió mi perro, Ayax, quedé mucho más desolada de lo que nunca había imaginado

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No es para siempre. Quizás su error fue pensar que el bóxer se quedaría demasiado tiempo. Su partida la llevó a hacer balances y la empujó hacia una depresión a la que, con esfuerzo, pudo vencer.

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